Hola! Es el primer post del año... es algo en lo que he venido pensando estos útimos 10 días.
Saulo de Tarso. Nada más y nada menos que uno de los enemigos a muerte de la fe cristiana, hasta que se topa al Cristo resucitado y le cambia la vida para siempre.
Luego de eso, el tipo lucha contra viento y marea, amando apasionadamente la verdad que le cambió, menospreciando su propia vida con tal de llevar las buenas noticias.
Cuando leo las cartas que él mismo redactó, puedo observar una y otra vez el mismo hecho: él le esta escribiendo al grupo que años atras persiguió, probablemente a más de uno encarceló y les hizo pasar un muy mal rato... Pero de un momento a otro, aquel extremista deja su error y se convierte en la guía espiritual de muchísima gente.
Me pregunto mil veces ¿Qué sintió Pablo cuando le abrazaron los mismos que persiguió? ¿Cómo sostener la mirada en medio de sus víctimas?
Esa gracia es lo que hizo (creo yo, en buena parte) que Pablo no se debilitara, no buscara nada más, porque el perdón que necesitaba para si mismo lo encontraba en su fe y era manifiesto en el abrazo sincero de la iglesia primitiva, sí... a esa iglesia que una vez dañó
Miro mi vida, mi pasado y mi pecado... y me siento como Pablo, totalmente comprometido con la verdad de un evangelio transformador, abrazado en la fe que me conforta y sostenido por el perdón inexplicable e inmerecido.
Definitivamente al que más se le perdona, más ama (Lucas 7:47)... y este versículo me hace sentirme en deuda cada día!
Gracia!
Saulo de Tarso. Nada más y nada menos que uno de los enemigos a muerte de la fe cristiana, hasta que se topa al Cristo resucitado y le cambia la vida para siempre.
Luego de eso, el tipo lucha contra viento y marea, amando apasionadamente la verdad que le cambió, menospreciando su propia vida con tal de llevar las buenas noticias.
Cuando leo las cartas que él mismo redactó, puedo observar una y otra vez el mismo hecho: él le esta escribiendo al grupo que años atras persiguió, probablemente a más de uno encarceló y les hizo pasar un muy mal rato... Pero de un momento a otro, aquel extremista deja su error y se convierte en la guía espiritual de muchísima gente.
Me pregunto mil veces ¿Qué sintió Pablo cuando le abrazaron los mismos que persiguió? ¿Cómo sostener la mirada en medio de sus víctimas?
Esa gracia es lo que hizo (creo yo, en buena parte) que Pablo no se debilitara, no buscara nada más, porque el perdón que necesitaba para si mismo lo encontraba en su fe y era manifiesto en el abrazo sincero de la iglesia primitiva, sí... a esa iglesia que una vez dañó
Miro mi vida, mi pasado y mi pecado... y me siento como Pablo, totalmente comprometido con la verdad de un evangelio transformador, abrazado en la fe que me conforta y sostenido por el perdón inexplicable e inmerecido.
Definitivamente al que más se le perdona, más ama (Lucas 7:47)... y este versículo me hace sentirme en deuda cada día!
Gracia!
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